Soy Profesor de Educación
Primaria y estudié conforme al plan del
93 por el cual quienes deseamos ser docentes lo hacíamos al terminar la
secundaria. Me titulé en 1984 egresando de la Escuela Normal Anáhuac de la
ciudad de Guadalajara, que pertenecía al sistema particular.
Estudié la carrera por
decisión de mis padres quienes me inscribieron para estudiar la educación
secundaria en un instituto religioso en Tlaquepaque. Debido a que la mística de
la orden de los Salesianos, con quienes estudié, era la educación, ingresé al
terminar la secundaria a la normal básica.
Sin embargo después de un tiempo de reflexión decidí no ingresar a la
vida religiosa y comencé a trabajar en una escuela primaria particular en Cabo
San Lucas B.C. Estando laborando en el Colegio El Camino de esa localidad
comencé a estudiar la normal superior en la especialidad de Ciencias Sociales
en la Escuela Normal Superior Nueva Galicia, especialidad que luego abandoné y
no fue sino hasta el verano de 1997, cuando ya estando laborando en mi actual escuela
el Centro de Estudios de Bachillerato 6/8 ubicado en Tizapán el Alto, Jalisco
reinicié la especialidad pero ahora en la Escuela Normal Superior de Nayarit,
misma que concluí en el verano del año 2003.
Ser maestro me agradó desde
el principio porque siempre sentí que tenía la obligación moral y social de
aportar al desarrollo de las comunidades donde vivía y así a mi propio
desarrollo humano. Poco a poco fui obteniendo la satisfacción por ejemplo, al
contribuir a que los niños de primero comenzaran a leer; fue algo
excepcional. Aunque nunca fue una labor
fácil y sencilla comencé a querer mi profesión, pero también hubo momentos en
que por las necesidades económicas deseé cambiarla por cualquier otra sin
importar cual. Me emocionaba estudiar leyes y era otra de mis expectativas
profesionales. Finalmente al revalorar la experiencia adquirida comencé a
sentir el magisterio no solo como una profesión sino además como una forma de
vida. Hoy sigo sintiendo placer de mi vocación y soy y seré maestro hasta que
ya no pueda sostener con mis manos un libro.
Al igual que mis compañeros docentes reconozco la falta del
reconocimiento social de los logros alcanzados como colectivo, un sinsabor que
se acumula en muchos casos a la desmedida proporción en relación a la de los
docentes del país, que aportan tanto la familia
como las autoridades educativas al logro de más y mejores resultados en
la educación de nuestros niños y jóvenes mexicanos. Pero no es suficiente para
el desánimo total y asumo el reto y el riesgo social de ser maestro.
Actualmente curso la Especialidad en
Competencias Docentes para el Nivel Medio Superior y la experiencia me ha
resultado muy satisfactoria. Personalmente ha significado un reto, debido a que
las demás actividades que realizo me demandan atención, pero eso no es un
impedimento y estoy reaprendiendo. Creo que como condición para elevar la
calidad de la educación en nuestro país, y específicamente en el nivel, es una
vía adecuada, y la institución que la imparte cuenta con excelentes maestros
que nos han llevado paso a paso, a superar nuestras debilidades docentes. Hemos
aprendido de ellos y cumplido con el compromiso de mejorar nuestra práctica
cotidiana. Como lo dice José M. Steve al
referirse a nuestra profesión en la ponencia presentada en las XXXI jornadas de
centros educativos en la Universidad de Navarra, el 04 de febrero 2003: “La
enseñanza es una profesión ambivalente. En ella te puedes aburrir
soberanamente, y vivir cada clase con una profunda ansiedad; pero también
puedes estar a gusto, rozar cada día el cielo con las manos, y vivir con pasión
el descubrimiento que, en cada clase, hacen tus alumnos”1. Esta realidad es la que finalmente me anima a
seguir preparándome.