La importancia
de la expresión oral como estrategia de comunicación, en el contexto de la
Pedagogía de la comunicación.
La mayoría de las personas, a lo largo de su
vida, pasan por situaciones en que necesitan expresarse en público, bien en la
vida escolar, bien en el ámbito laboral o profesional, o bien en la vida
social. Entendemos que esta comunicación directa con otras personas no sólo se
realiza a través de palabras; los gestos y la actitud corporal refuerzan lo que
estamos diciendo. En consecuencia, buscamos abordar fundamentalmente la
importancia de estas habilidades orales y colateralmente las expresivas, pero
además cuáles debemos poner en marcha como docentes tutores para transmitir
unas ideas y lograr una buena comprensión en nuestros tutorados.
La sociedad de hoy exige una eficiente capacidad
comunicativa. Las posibilidades de trabajo, estudio, relaciones sociales y
superación dependen, en buena parte, de nuestra capacidad para interactuar con
los demás, teniendo como herramienta fundamental la expresión oral. Es
necesario entonces que la escuela contribuya a fortalecerla, especialmente estos
aspectos. Actualmente
necesitamos de estudiantes que sepan expresarse con fluidez y claridad, con
óptima pronunciación y entonación, que empleen con pertinencia y naturalidad
los recursos no verbales (mímica, gestos, movimientos del cuerpo), que se hagan
escuchar pero que también escuchen a los demás. Es necesario entonces que
reivindiquemos la enseñanza de la comunicación oral, en situaciones formales e
informales[1].
La mejor manera de desarrollar estas habilidades es
participando en situaciones comunicativas reales. Las clases, dejan de ser,
entonces, una aburrida presentación de conceptos y teóricas para ceder su lugar
a actividades dinámicas y motivadoras, como juego de roles, dramatizaciones,
debates, talleres de expresión oral, diálogos, conversaciones, declamaciones,
etc., que permiten, además, el desarrollo de la creatividad y el juicio crítico
para la toma de decisiones y la solución de problemas.
Algunos autores afirman que la expresión oral también
implica desarrollar nuestra capacidad de escuchar para comprender lo que nos
dicen los demás. En este sentido, la comprensión oral se fortalece cuando
participamos frecuentemente en situaciones reales de interacción. Un sistema
educativo como el nuestro que aspira al desarrollo integral de los estudiantes
a través del desarrollo de sus competencias, tendrá como uno de sus propósitos
esenciales desarrollar su capacidad de escucha. Por lo que el profesor
tiene el objetivo de comunicarse de manera asertiva con sus alumnos.[2]
Ser buenos comunicadores en expresión oral, desde la perspectiva de emisores o de receptores, consiste en haber desarrollado una competencia que suponga un dominio de las habilidades comunicativas de lenguaje integrado oral. La expresión oral resulta compleja de valorar, pero todos entendemos que ésta es bastante más que interpretar los sonidos acústicos organizados en signos lingüísticos y regulados por una gramática más o menos compleja; y es más, bastante más, que emitir una serie de sonidos acústicos de la misma índole.
Ser buenos comunicadores en expresión oral, desde la perspectiva de emisores o de receptores, consiste en haber desarrollado una competencia que suponga un dominio de las habilidades comunicativas de lenguaje integrado oral. La expresión oral resulta compleja de valorar, pero todos entendemos que ésta es bastante más que interpretar los sonidos acústicos organizados en signos lingüísticos y regulados por una gramática más o menos compleja; y es más, bastante más, que emitir una serie de sonidos acústicos de la misma índole.
El lenguaje constituye una facultad que se
considera como típicamente humana. Así, es visto como un modo “natural” de
manifestación verbal. Sin embargo, aprender a hablar, expresándose
correctamente y de una forma clara desde el punto de vista del receptor en un
contexto de intercambio elaborado, formal y planificado no constituye una
competencia innata que se desarrolle en todos los seres humanos de un modo
automático[3].
Esta idea supone, por lo tanto, la necesidad de trabajar esta competencia de
modo que sea posible perfeccionar, mejorar y conocer las claves para conseguir
convertirse en comunicadores eficaces (Fernández López, 2007: 40)[4].
Ahora bien, la comunicación oral implica dos tipos de aprendizajes: uno, el dominio instrumental de la lengua (fonético, morfológico, semántico), otro el de la comprensión-expresión positivas de vivencias, sentimientos o pensamientos. La expresión oral por lo general es dinámica, expresiva innovadora. Cobra en ella gran importancia el acento el tono y la intensidad dados a cada palabra o frase, porque atraen o refuerzan la atención del oyente. La modulación de la voz, los gestos los movimientos de nuestro rostro y cuerpo, ayuden a comprender el verdadero significado del discurso; también influyen la intensión y el estado de ánimo de quién habla. Por tanto, analizar y organizar las ideas antes de comunicarlas, utilizar un lenguaje sencillo, directo, teniendo en cuenta el nivel del interlocutor, explicar o repetir, ser paciente para escuchar a los demás, verificar si fue captado el mensaje, cuidar la voz, la dicción, escogiendo un ritmo adecuado para hablar, son a modo de conclusión algunas recomendaciones que se deben tener en cuenta para favorecer la comunicación oral.
Y finalmente la comunicación oral se trata de una competencia básica en el desempeño profesional de todo maestro, pedagogo y en definitiva, de cualquier educador cuyo trabajo implicará necesariamente el trabajo con personas en contextos diferentes.
Ahora bien, la comunicación oral implica dos tipos de aprendizajes: uno, el dominio instrumental de la lengua (fonético, morfológico, semántico), otro el de la comprensión-expresión positivas de vivencias, sentimientos o pensamientos. La expresión oral por lo general es dinámica, expresiva innovadora. Cobra en ella gran importancia el acento el tono y la intensidad dados a cada palabra o frase, porque atraen o refuerzan la atención del oyente. La modulación de la voz, los gestos los movimientos de nuestro rostro y cuerpo, ayuden a comprender el verdadero significado del discurso; también influyen la intensión y el estado de ánimo de quién habla. Por tanto, analizar y organizar las ideas antes de comunicarlas, utilizar un lenguaje sencillo, directo, teniendo en cuenta el nivel del interlocutor, explicar o repetir, ser paciente para escuchar a los demás, verificar si fue captado el mensaje, cuidar la voz, la dicción, escogiendo un ritmo adecuado para hablar, son a modo de conclusión algunas recomendaciones que se deben tener en cuenta para favorecer la comunicación oral.
Y finalmente la comunicación oral se trata de una competencia básica en el desempeño profesional de todo maestro, pedagogo y en definitiva, de cualquier educador cuyo trabajo implicará necesariamente el trabajo con personas en contextos diferentes.
[1] QUISPE
M. Juvenal. (2009). La Expresión y Comprensión Oral. México: Monografías. Com.
SA. Disponible en http://www.monografias.com/trabajos55/expresion-oral/expresion-oral.shtml.
(2012, 28 de septiembre).
[2] RAMIREZ
Martínez, J. (2002), La Expresión Oral. En Contextos Educativos,(5), 57-52.
Universidad de la Rioja. España.
[3]
Cassany, D.; Luna, M.; Sanz, G. (1994), Enseñar Lengua. Barcelona, Graó.
[4]
Citado por Fernández García, Carmen, et al. 2008, (No, 31; 26-38). En “La comunicación oral como
competencia transversal de los estudiantes de Pedagogía y magisterio:
Presentación del Diseño Metodológico de una innovación para su trabajo en el
aula.
Facultad
de Ciencias de la Educación. Universidad de Oviedo.